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DESMORALIZACIÓN HUMANA 2


La moralidad es el camino del bien último del hombre, sea este natural o sobrenatural, que en fin de cuentas se encuentran ambos en la misma ruta, aun cuando uno llegue un poco más lejos, pero en la misma dirección. Bastaría con recordar los diez mandamientos para señalar el trazado que, desde la racionalidad conduce a la más alta meta que está situada en el Creador.
La inmoralidad, naturalmente, es la simple negación del todo o de alguna de las partes que constituyen lo moral. Tendrá grados pero no se diferenciará en cuanto manifiesta un desvío de la ruta racional o sobrenatural. Matar, violar, mentir o idolatrar se encontraran en distintos peldaños, pero de la misma pirámide que conduce hacia la altura de la condición humana y divina


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¿CUANDO UNA PERSONA DESMORALIZADA?

¿CUANDO UNA PERSONA DESMORALIZADA?  Cuando decimos de alguien que se encuentra desmoralizado o que está bajo de moral no se pretende decir que se comporta de mala manera. La vida moral no sólo consiste en obrar bien, sino asimismo en mantener, en medio de las dificultades que la vida acarrea, el suficiente ánimo para afrontarla.

EL AMOR SEGUN TOMAS DE AQUINO

Por su parte, Tomás de Aquino define al amor como un acto genérico de la voluntad orientado hacia el bien en general. Según este teólogo-filósofo: “Todo el que obra, obra por un fin. El fin es el bien que cada uno ama y desea, por lo que resulta manifiesto que todo agente obra cualquier acción por algún tipo de amor”. Bajo este sentido, buscamos todo tipo de fines porque pensamos que ese es nuestro bien, y en esa búsqueda incesante, el fin que buscamos es lo que uno ama. Por consiguiente, para Tomás de Aquino, el bien y el amor son una y la misma cosa.

EL AMOR SEGUN SAN AGUSTIN

San Agustín, sostuvo una concepción del amor cuyo significado es conveniente vincularlo con su pensamiento teológico. Para él, existen dos tipos de amor: el amor propio y el amor a Dios. De cada uno de ellos se deriva una forma de existencia: la terrenal o la divina. En su obra Lm Ciudad de Dios, señala: “Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrenal; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda en Dios”